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AVista aérea del valle de Anievas, en la que se distinguen sus cuatro núcleos de población: Cotillo, Barriopalacio, Calga y Villasusopenas hay testimonios en este territorio de la presencia humana en tiempos prehistóricos o en la Edad Antigua, salvo los vestigios encontrados en los municipios colindantes, concretamente en las cumbres que separan el valle de Iguña del de Toranzo. Restos de castros cántabros y de las operaciones de conquista romana dan fe de la importancia estratégica de esta zona como lugar de paso entre valles y entre la Meseta y el litoral cantábrico.

El valle de Anievas fue un distrito señorial, que permaneció en la Baja Edad Media ligado a la suprema jurisdicción de la Casa de la Vega, y en la época moderna a sus sucesores, los titulares de la Casa de Infantado. De hecho, la mención más antigua que se conoce sobre esta vinculación señorial y jurisdiccional es la que consta en una escritura de mediados del siglo XIV, concretamente del año 1345, en la que se precisa que Anievas pasa a ser señorío solariego de Garcilaso de la Vega, tras haber adquirido éste numerosos bienes en la zona.

A principios del siglo XV la jurisdicción de Anievas, junto a la de Iguña y Cieza, pasó a manos del almirante Diego Hurtado de Mendoza, uno de los hombres más ricos de la época, casado con Leonor de la Vega, dueña de media Cantabria.

El famoso ‘Pleito de los Valles’, que finalizó en 1581, influiría también en el futuro de Anievas. En aquel proceso, Reocín, Cabezón, Alfoz de Lloredo, Cabuérniga, Piélagos, Camargo, Villaescusa, Cayón y Penagos se oponían a a la dominación señorial. Su demanda se hizo efectiva cuando la sentencia de la Real Chancillería de Valladolid dio su aprobación a la reversión a la Corona Real de los Nueve Valles de las Asturias, lo que significaba que el señorío y jurisdicción civil y criminal, así como la facultad de nombrar alcaldes, escribanos y merinos, correspondía a partir de entonces a su Majestad y a la Corona Real, y no a los señores que actuaban feudalmente.

Esta circunstancia dejaba reducido aquel señorío a la Villa de Santillana, Mayordomado de la Vega, valles de Cieza y Anievas, Marquesado de Argüeso y Liébana. Además, el hecho de que Anievas estuviera cercado por la jurisdicción señorial de los Manrique, titulares del dominio de Buelna, Toranzo e Iguña, convertía este valle en un característico islote señorial, vinculado a la Casa de la Vega-Infantado, pero con capacidad para la administración directa de sus bienes propios comunales, la elección de sus oficiales y la defensa de sus intereses. Precisamente es este carácter señorial de Anievas el que explica que no participara en el nacimiento de las primeras formas políticas representativas de ámbito territorial nacidas en las Asturias de Santillana: las Juntas de Puente San Miguel, que agrupaba a los Nueve Valles.

Los años transcurridos entre 1645 y 1778 maduraron plenamente el embrión que iba a posibilitar la unión de los valles, villas y lugares de la vieja Cantabria. El valle de Anievas se consolidó institucionalmente como uno de los enclaves singulares de la Merindad de las Asturias de Santillana a lo largo del Antiguo Régimen. Dotado de su propio órgano de gobierno, la Junta General o ayuntamiento del valle, este distrito, compuesto por los representantes de los concejos de Barriopalacio, Calga, Cotillo y Villasuso, participó de forma activa en las Juntas que dieron lugar al nacimiento de la provincia de Cantabria.

El valle de Anievas se convirtió en 1822 en ayuntamiento constitucional, con los mismos límites que tiene en la actualidad. En un primer momento estuvo integrado en el partido judicial de Ontaneda, pero en 1835 pasó definitivamente al de Torrelavega.

 

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Tomo 723, Folio 165, Sección 8ª, Hoja S11607, Inscripción 1ª     Aviso Legal / Política de privacidad/ Política de Cookies