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Este término municipal comprende los ocho concejos más septentrionales del antiguo valle de Valdeprado, que se escindió así en dos ayuntamientos constitucionales. La parte norte de este territorio tomó el nombre de Cabezón de Liébana, por establecer su capitalidad en aquel viejo lugar.

De la presencia romana en este territorio queda una huella en la estela funeraria que se encuentra en el interior del pórtico de la iglesia parroquial de Luriezo. De origen cántabro-romano, presenta una inscripción y tiene 1,35 m de diámetro y 20 cm de grosor. Está tallada en piedra arenisca silícica de las canteras cercanas a Luriezo.

El municipio aparece documentado en la Edad Media, en el Cartulario del Monasterio de Santa María de Piasca y de Santo Toribio: Frama en el año 957, Cabariezo en 945, Perrozo en 957, Buyezo también en 957, Ubriezo en 966, etc.

Fue el ámbito de expansión que rodeaba al monasterio de Santa María de Piasca, que, enclavado en el centro del valle, se había construido a fines del siglo XI. El nombre de Piasca se constata por primera vez en un documento del año 904, que certifica la venta en aquel lugar de un pomar y una tierra.

A finales del siglo XII, en el marco de una crisis de la monarquía, se generalizó, sobre los habitantes de estos lugares, el predominio de los linajes señoriales locales, entre ellos los de Orejón, Bedoya, Ceballos y García Duque, según se atestigua en el Becerro de las Behetrías de 1352. Esta fuente documental refleja, asimismo, la influencia que sobre las aldeas del valle ejerció la donación del señorío de Liébana, efectuada por el rey Alfonso XI de Castilla y León (1311-1350) a su hijo, el conde don Tello. De este modo se produce la independencia de los solariegos de Aniezo, Cabezón, Cambarco, Pembes, Perrozo y Torices a don Tello y posteriormente a su hijo, Juan Téllez.

A partir de finales de la Edad Media y hasta el siglo XIX, el linaje de los Mendoza, duques del Infantado desde 1475, ejerció su poder en la zona. Este control señorial no impedía que cada año los lugareños eligieran a sus regidores, con excepción de los vecinos de Piasca y del valle de Valderrodíes (integrado por Buyezo, Lamedo, Perrozo, San Andrés y Torices), vinculados al monasterio benedictino de Sahagún, cuyo prior nombraba al alcalde ordinario.

Con la llegada del sistema constitucional, que puso fin al régimen señorial, se formó un ayuntamiento independiente en las tierras septentrionales del valle de Valdeprado. El primer municipio que se instituyó, en el año 1822, se denominó Perrozo. En 1835, tomó el nombre de su capital, Cabezón de Liébana. En un principio formó parte del partido judicial de Potes y posteriormente pasó al de San Vicente de la Barquera, en el que permanece.

 

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Tomo 723, Folio 165, Sección 8ª, Hoja S11607, Inscripción 1ª     Aviso Legal / Política de privacidad/ Política de Cookies