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Pesaguero historia escudo de Pesaguero
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Es difícil precisar dónde se inicia la historia antigua de Pesaguero, dada la escasez de hallazgos arqueológicos que permitan avanzar datos fiables al respecto. Éstos prácticamente se reducen a las lascas de cuarcita halladas en la cueva de los Jatos, en Vendejo, y a la colección de útiles de la cueva de los Moros, en Caloca, lo que revela que la ocupación de la zona debió de surgir en algún momento indeterminado del Paleolítico. De la etapa siguiente a ésta, época postpaleolítica, son las pinturas esquemático-abstractas de las cuevas de los Moros y Los Pitos, indicios evidentes de la existencia de vida humana en estos parajes. Durante la Edad del Hierro, Pesaguero, al igual que otras zonas de la comarca lebaniega, como es el caso de Cabezón de Liébana, fue lugar de asentamiento de la gens de los concanos, que, según algunas fuentes, pudieron ser el germen de los primeros cántabros. A ellos se enfrentaron los romanos en el transcurso de las Guerras Cántabras. En la época medieval este territorio formó parte del valle de Valdeprado, uno de los de la Merindad de Liébana.

De hecho, la mayoría de las localidades que integran esta zona meridional de la comarca aparecen citadas hacia el año 1000 en la documentación del Cartulario de Piasca, monasterio al que estuvieron íntimamente ligados los habitantes de estos lugares, ya que a éste pertenecían sus heredades e iglesias. Así, las aldeas de Barreda y Dos Amantes se documentan en el año 1041, la de Basieda en 1132, la de Vendejo en 1050 y la de Caloca en 1145. Esta dependencia fue constante durante toda la Alta Edad Media, alcanzando su momento de mayor poder en los siglos XI y XII. A partir de 1122 Santa María de Piasca se incorporó al monasterio de Sahagún, quedando vinculados al cenobio castellano los concejos de Pesaguero, Cueva y Lerones, tal y como constata el Becerro de las Behetrías. La decadencia del poder monacal, en el siglo XIII, favoreció el inicio del proceso de señorialización, mediante el cual algunos linajes locales, y especialmente la Casa de la Vega, reforzaron su jurisdicción.

Por aquel entonces se había generalizado en las aldeas del valle de Valdeprado –al que pertenecían los lugares que hoy constituyen Pesaguero– el dominio señorial del conde don Tello, a quien su padre, el rey Alfonso XI, cedió toda la comarca de Liébana y Campoo en el siglo XIV. Mientras, Pesaguero, Cueva y Lerones seguían vinculados al monasterio de Sahagún. Fue a mediados del siglo XV cuando el territorio quedó bajo el control de la Casa de la Vega y Marquesado de Santillana y, posteriormente, de los Duques del Infantado, que tuvieron un gran poder en la zona hasta comienzos del siglo XIX. La prueba documental de este dominio está recogida en el Catastro de la Ensenada de 1753, al indicarse que cada concejo es del señorío del Infantado, a quien pagaban por dicho motivo los derechos de alcabalas.

Con la creación de los ayuntamientos constitucionales en 1822 se produjo la división del valle de Valdeprado, a partir de la cual surgieron los municipios de Pesaguero y de Perrozo. Sin embargo, este último adoptó en 1835 el apelativo de su capital, Cabezón de Liébana. En un primer momento, el término de Pesaguero formó parte del partido judicial de Potes, aunque posteriormente pasó a depender del de San Vicente de la Barquera, al que permanece adscrito actualmente.

 

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Tomo 723, Folio 165, Sección 8ª, Hoja S11607, Inscripción 1ª     Aviso Legal / Política de privacidad/ Política de Cookies