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Los primeros vestigios de la presencia humana en el valle de Camargo se remontan al Paleolítico Inferior, hace más de 80.000 años, de acuerdo con la datación de algunos restos hallados en yacimientos arqueológicos como el de la cueva de El Pendo. Ciertos factores ambientales como la suavidad del clima, la proximidad al mar, los tendidos relieves y las cuantiosas cavidades fueron decisivos en la temprana ocupación de este espacio, considerado uno de los asentamientos humanos más importantes de Europa durante la Prehistoria. Ocupación humana que se ha mantenido sin interrupciones hasta nuestros días, como evidencian los hallazgos arqueológicos y las fuentes documentales.

Los primeros escritos en los que se cita a Camargo se remontan al siglo IX. El acta fundacional del monasterio de San Vicente de Fístoles, al que distintos investigadores ubican en el lugar camargués de Estaños, está fechada en el año 811; siete años más tarde, en el testamento de Ordoño I, se citan expresamente distintos lugares de Camargo entre las donaciones de este Rey a la iglesia de Oviedo.

Otro testamento redactado por doña Eylo y su esposo Vellido Moníoz en el año 1025 contiene variadas referencias a Camargo entre las numerosas donaciones que realizaron a la Abadía de Santa Juliana (Santillana del Mar). También en el cartulario de esta última abadía se reseña la existencia del monasterio de San Miguel de Calva (Revilla) en el año 1111, en una época en la que las referencias documentales relativas al valle comienzan a ser más habituales.

Un importante hito entre este tipo de fuentes es el Becerro de las Behetrías, de 1352 destinado a identificar los lugares que debían pagar tributos a la Corona y que tenían la libertad de elegir señor feudal. En él constan dentro de Camargo todos los pueblos que integran hoy el municipio excepto Cacicedo, además de las localidades de Guarnizo y Soto de la Marina.

En 1341 el Rey Alfonso XI concedió a Gonzalo Ruiz de la Vega los derechos sobre distintos lugares, entre los que se contaba el valle de Camargo, lo que restringió la libertad de sus habitantes y ocasionó fuertes tensiones que dieron lugar al conocido Pleito de los Valles. Éste se desarrolló entre 1544 y 1581 y en él intervinieron los valles de Camargo, Cayón, Penagos, Piélagos y Villaescusa, Alfoz de Lloredo, Cabezón, Cabuérniga y Reocín. El conflicto se resolvió con el reconocimiento del realengo de estos nueve valles que integraban las Asturias de Santillana. A partir de este acontecimiento Camargo obtuvo la denominación de Real Valle. El modo en que se resolvió el Pleito supuso un fortalecimiento de los lugares liberados, que configuraron la Provincia de los Nueve Valles. Ésta fue el embrión de la Provincia de Cantabria, unidad territorial así denominada a partir de un encuentro de los diputados que tuvo lugar en Camargo en 1754. Con la constitución de los ayuntamientos constitucionales en el Trienio Liberal (1820-1823), se instituyó el de Camargo, integrado por los concejos de Cacidedo, Camargo, Escobedo, Herrera, Igollo, Maliaño, Muriedas y Revilla de Camargo; además de Guarnizo y Soto de la Marina. Éste se separó en 1835 y quedó incorporado al ayuntamiento de Santa Cruz de Bezana. En 1871 Guarnizo quedó incroporado a El Astillero.

El siglo XIX estuvo marcado por importantes conflictos bélicos como la Guerra de la Independencia, en la que los camargueses tuvieron un activo papel, y fue también el tiempo de una modernización económica y social del valle. Se produjeron en esta época importantes cambios en el sector primario y se sentaron las bases del desarrollo industrial que definiría el Camargo del siglo XX, a la vez que comenzaron a establecerse relaciones estrechas con el núcleo urbano de Santander y con el entorno de su bahía.

 

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Tomo 723, Folio 165, Sección 8ª, Hoja S11607, Inscripción 1ª     Aviso Legal / Política de privacidad/ Política de Cookies