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En distintos parajes de Santander se han localizado yacimientos arqueológicos de gran interés, entre ellos se cuentan algunos que han proporcionado materiales de época prehistórica. Así, a lo largo de la costa, en la franja septentrional de la península sobre la cual se asienta la ciudad se han localizado numerosos yacimientos el Paleolítico Inferior, Medio y Superior –en los mismos lugares se han encontrado elementos del Mesolítico–. En concreto, en el entorno del faro de Bellavista se localiza una estación de superficie con varias concentraciones de materiales arqueológicos. Se trata de materiales líticos, la mayor parte de sílex. El hallazgo de varios geométricos y algunas piezas de cerámica llevan a fechar las piezas en el V-IV milenio, antes de nuestra era. Otros materiales prehistóricos fueron recuperados en diversos parajes estudiados durante la realización del tramo Bezana-Sardinero de la autovía del Cantábrico. Se trata de los yacimientos de Lluja (materiales del Musteriense), la Llanilla (divido en dos sectores, ha proporcionado numerosos materiales líticos atribuibles al Neolítico avanzado-Calcolítico antiguo), yacimiento de Repostería Martínez (376 piezas del Calcolítico antiguo, así como otros elementos aislados de épocas posteriores, incluidos fragmentos cerámicos romanos, medievales y modernos) y yacimiento junto a Repostería Martínez (continuo al anterior). Es de señalar, así mismo como ejemplos de yacimientos del Mesolítico, la cueva del Cerro del Uro o Peña del Uro y el conjunto de Peña Oreo, en Monte

En Santander se han localizado diversas materiales y estructuras que documentan la existencia de un antiguo asentamiento romano. En 1980 se puso en marcha un ambicioso proyecto dirigido a estudiar y recuperar el conjunto arquitectónico catedralicio, asentado sobre el cerro de Somorrostro, escenario que acogió la ciudad medieval. Entre 1982 y 1983 se llevaron excavó una superficie de 100 m2 en el piso de la nave del evangelio de la iglesia baja (Iglesia del Cristo). Aquí se descubrieron dos niveles romanos datables en los siglos I al IV, superpuestos que incluían restos de un notable complejo termal –incluido un horno, un sistema de conducción de agua caliente y un hipocausto con pilas de ladrillos circulares–, elementos de otras construcciones –bajo el ábside se encontraron restos de un gran muro– y un notable número de piezas cerámicas, metálicas, vítreas –es de destacar un lampadario de bronce con forma de trípode zoomorfo y un brazo de una estatuilla de terracota–. Así mismo se descubrieron otros restos que pudieran pertenecer a la primitiva iglesia románica. En 1994 se acometió una nueva campaña arqueológica, ésta tuvo por objeto el suelo del claustro y la sala capitular. En esta ocasión se descubrieron fragmentos de cerámica romana así como numerosos enterramientos –se estima que se pueden datar en el contexto de las pestes de 1497 y 1596–.

En el entorno de la Magdalena también se han producido hallazgos datables en época romana, son de destacar los restos de un muelle o muro, que aparecieron tras dos grandes mareas que tuvieron lugar en 1948 y 1967. Estaba formado por pilotes de madera apoyados sobre piedra, que pudieran haber pertenecido a un astillero o varadero. Así mismo se han encontrado en la misma península otras piezas y materiales descontextualizados, entre ellos un posible vertedero situado junto al emplazamiento de la Sociedad de Tenis y una figurilla de Hermes de ocho centímetros y medio, con forma de columna.

En otros lugares de la ciudad han aparecido piezas aisladas, son de reseñar un lote de monedas aparecido en el XVII en las cercanías de la catedral; una pulsera de plata encontrada en General Dávila; un lote de monedas de bronce hallado en Monte; el hipocausto de una villa situada en San Martín y localizado en 1886; y una figura de terracota con tema báquico aparecida en la bajada de la Gándara junto a varios fragmentos de terra sigillata y tégulas.

En cuanto a arqueología medieval ha de señalarse que durante la apertura de unas zanjas en el ayuntamiento de Santander en la calle Amós Escalante se localizó una serie de cinco estelas que según algunas hipótesis son datables en los siglos X-XII, anteriores a la fundación del desaparecido convento de San Francisco fundado en el siglo XIII. Tres de ellas presentan motivos cruciformes, otra un hacha y otra una rosácea incompleta. En la actualidad se encuentran depositadas en el Museo Regional de Arqueología y Prehistoria. Otro yacimiento medieval se localizó en el entorno de la iglesia de Santa María de Cueto, allí se encontraron cuatro tumbas de orientación este-oeste de lajas irregulares pertenecientes a una necrópolis altomedieval –los documentos más antiguos referidos a la iglesia se remontan, sin embargo, a los años 1274 y 1375–.

En este apartado han de reseñarse los restos arqueológicos localizados en el centro de Santander, en el solar que ocupara el Cine Coliseum, considerados los últimos del muro que cerraba la villa en la Edad Media . Se trata de la pared interior de un muro de 8 m de longitud que se une con otro de mampostería irregular de caliza. La muralla medieval de Santander se remonta a la época de la concesión del fuero a finales del siglo XII, a lo largo de los siglos fue objeto de diversas ampliaciones y reformas, en los tramos más anchos habría alcanzado los 3 m y su altura se estima que llegó a los 7 m. El fragmento de lienzo de muro localizado estaba situado junto a la Puerta de la Sierra. En el mismo solar se localizaron: una canalización de ladrillo que se estima perteneciera al Instituto Cántabro, IES Santa Clara, construido entre 1910 y 1916; los restos de cimentación de un edificio que se cree fue la casa con fachada de sillería concluida en 1741 para Juan Antonio de la Colina; y un tramo de sillares bien escuadrados de caliza que parece fue levantada en el siglo XVIII como muro de contención de la finca del convento de Santa Clara, antiguo monasterio fundado en el siglo XIII. La construcción del nuevo hotel Coliseum supuso la desaparición de la cimentación de la fachada y la cobertura de las otras estructuras, lo cual garantiza su conservación.

En cuanto a la arqueología de época moderna son de reseñar los restos de fortificaciones costeras que todavía se conservan en el entorno de la Maruca: la batería de San Pedro y el castillo de la Corbanera. La batería . El llamado castillo de la Corbanera es un complejo compuesto por una torre neomedieval, insertada en un recinto de planta circular que estaba destinada a alojar cuartel y almacenes. El recinto exterior mide 50 m de diámetro y presenta a adosada una torre cilíndrica. En cuanto a la batería, a finales de 1660 está documentada la existencia de la fortaleza de San Pedro del Mar. En 1763 el ingeniero militar Joaquín del Pino realizó un plano del lugar en el cual se observa un recinto cuadrangular rodeado por un muro de tierra con una plataforma de losas de sillería tras la batería de barbeta, en cuyo interior se alza una construcción rectangular para resguardo de la guarnición, el polvorín, las cureñas y otros pertrechos. El 13 de agosto de 1806, el puesto, dotado con cuatro cañones del 24, fue asaltado por tres quechemarines ingleses. En vista del acontecimiento, al año siguiente se construyó un fuerte sobre un proyecto del ingeniero militar Juan Giraldo. Se trataba de un recinto de planta pentagonal irregular rodeado por un muro de mampostería al cual se abrían aspilleras, que se interrumpía en la sección de la batería de barbeta en cuyo interior se amplió la antigua construcción destinada a la tropa. En 1874, a ésta batería se adosaron una serie de fortificaciones que se extendieron hacia el sur. En 1901 fue inscrita en el Registro de la Propiedad por el Ramo de Guerra. Después de ser utilizada por carabineros pasó a ser usada como almacén del retén de la Guardia Civil.

Así mismo ha de reseñarse aquí el llamativo hallazgo de una estructura hidráulica de gran tamaño durante los trabajos de reconstrucción del Mercado del Este, una edificación levantada entre 1839 y 1841 conforme a un proyecto del arquitecto Antonio Zabaleta. La estructura aparecida consta de un aljibe de piedra caliza de planta circular de 6,5 m de diámetro cubierto por una bóveda parcialmente conservada, con el piso pavimentado con losas de diferente tamaño. Asociado a esta obra se encuentra una canalización de fábrica de dos tramos, uno de 12 m de longitud. Se estima que esta estructura pudo pertenecer a una fuente monumental inconclusa cuya construcción se proyectó a finales del siglo XVIII, poco después de ganarse al mar los terrenos en que está emplazado.

 

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Tomo 723, Folio 165, Sección 8ª, Hoja S11607, Inscripción 1ª     Aviso Legal / Política de privacidad/ Política de Cookies